Aunque señalan responsabilidad, ni Semarnat ni Semadet plantearon regular la industria que ha borrado el hábitat de los cocodrilos.

El 4 de septiembre la titular de la SEMARNAT, Alicia Bárcena Ibarra, y de la SEMADET, Paola Bauche Petersen, coincidieron por separado en que la causa de los conflictos con los cocodrilos en Bahía de Banderas se deriva de la proliferación de desarrollos inmobiliarios sin autorizaciones ambientales.
Para calmar al turismo, Bárcena Ibarra propuso la reubicación de los cocodrilos, mientras que Bauche Petersen respondió con reservas técnicas a la propuesta federal.
Pero ninguna de las dos funcionarias planteó frenar o regular la expansión inmobiliaria que ha borrado el sistema estuarino de la costa —el hábitat de cocodrilos y otras especies— entre los municipios de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas.
Una visita que planteó la reubicación de cocodrilos

En su reciente visita por Jalisco, Bárcena Ibarra adelantó un plan de transporte y manejo de cocodrilos ante los recientes conflictos hombre-cocodrilo.
“A lo mejor habrá que transportar algunos de estos cocodrilos a zonas un poco más abiertas, más libres, cocodrilarios”, dijo.
La propuesta surgió tras lo ocurrido en la playa de un hotel, cerca de la Marina de Vallarta. El 26 de junio pasado, un cocodrilo atacó, arrastró y mató en el mar a un turista que tomaba fotos.

El biólogo Paulino Ponce tiene el registro desde 1990 de 472 ataques de cocodrilo de los cuales 65 fueron letales. En promedio, se registra una muerte cada dos años. En Bahía de Banderas se han registrado 41 casos, 15 en mar y playa, y una muerte en el mar en el mes de junio.
Paulino Ponce planteó que en los ataques de cocodrilos ha habido más difusión nacional e internacional al ataque a turistas, una tendencia al alza de acuerdo con datos que está recabando.
“Las personas atacadas o fallecidas han sido personas locales, pescadores. Ahora, la dinámica está cambiando con más turistas mordidos, niños, y personas sin hogar”.
Semadet opina sobre una posible reubicación

“Sabemos que ha habido accidentes con los cocodrilos”, afirmó la secretaria Bárcena Ibarra dos meses después del ataque mortal.
Sin embargo, el fallecimiento desencadenó una ola de ataques contra los cocodrilos que sumaron al menos 13 muertes, y videos en redes sobre sus avistamientos durante los meses de julio y agosto.
“Para ello nos reuniremos con los hoteleros, gobierno del estado y con los municipios para hacer un manejo racional de la población de cocodrilos”, propuso.
Sobre la reubicación, Bauche Petersen de la SEMADET acotó que “entre menos reubiquemos (cocodrilos) sería mejor” para el desarrollo de la especie. Aclaró que si se reubica al animal, por la reincidencia en la depredación, la apuesta de traslado serían lugares naturales con condiciones apropiadas para el buen desarrollo del espécimen.

El protocolo
Desde la perspectiva técnica y científica, Lesly Solís, integrante de la Comisión de Interacciones Humano-Cocodrilo Pacífico Norte, un organismo de coordinación regional que trabaja junto a grupos como S.O.S. Cocodrilo Jalisco y SOS Cocodrilo Nayarit, precisó que la reubicación debe priorizar que los ejemplares permanezcan en su entorno.
“La misma ley dice que no puedes sacar ni mover un animal de su hábitat natural: el animal debe permanecer en el sitio cumpliendo sus funciones ecosistémicas independientemente de si el espacio ya fue modificado o no”, enfatizó Solís.
La postura es la del Protocolo de Atención a Contingencias Humano-Crocodilianos de la SEMARNAT el cuál define define la reubicación de los ejemplares como el “movimiento de un animal silvestre de su ámbito hogareño a un área nueva, usualmente a una distancia considerable del sitio donde se encontró al ejemplar”.
Además, se debe considerar el movimiento como la “última medida si el ejemplar es reincidente en la depredación” cuando se alimenta de ganado o mascotas. También se deben seguir criterios de viabilidad e implementar acciones de manejo con ganado o mascotas que pudieron desencadenar la interacción.
Paulino Ponce coincidió que retirar ejemplares rompería el equilibrio y generaría competencia por la llegada de nuevos individuos a la zona.
Cuencas destruidas

La funcionaria federal Bárcena Ibarra mencionó que la construcción de infraestructura turística y campos de golf alteran el entorno de la especie por lo cual busca nuevos espacios, entre estos, las playas.
“Si cambias el curso de un río, lógicamente el cocodrilo va a buscar porque estamos afectando su hábitat, estamos invadiendo el hábitat de los cocodrilos”, explicó.
Del mismo modo, la secretaria Paola Bauche ya había señalado que el avance de los desarrollos turísticos desplazaba a los cocodrilos desde Bocanegra, donde está el aeropuerto, hasta el estero de El Salado, y en el Río Cuale.
“Es el hábitat donde siempre ha estado el cocodrilo americano. Desde hace muchos años se han estado haciendo desarrollos y se está construyendo en esa zona que desplaza a los cocodrilos”.
Leslie Solís recordó que la mancha urbana —desde colonias populares hasta complejos hoteleros— ha alterado las cuencas hídricas, impidiendo que el agua fluya hacia los humedales donde históricamente habitaba la especie.
“Hablando específicamente de la autorización de la construcción de la franja hotelera en humedales, es competencia de la SEMARNAT; las construcciones en zonas de conservación o litorales de los ríos, corresponde al Estado, y hay gente que rellena y construye en los litorales de los ríos, es asunto del municipio”.
Para la especialista, los tres niveles de gobierno tienen responsabilidad en conjunto y por separado en las decisiones sobre el cambio de uso de suelo, la conservación y la tenencia de la tierra.
Aunque la SEMARNAT y la SEMADET identificaron la expansión inmobiliaria como la causa directa del conflicto, la discusión omitió el punto de origen: ninguna de las dos dependencias anunció inspecciones, sanciones o un freno a las obras sin manifestación de impacto ambiental que devoran la costa.

Autocuidado en la bahía
Lesly Solís invitó a los turistas a investigar y asumir la responsabilidad sobre los riesgos climáticos en las playas y la fauna, como los cocodrilos, que las habitan: conocer qué tipos de actividades hay en el sitio, qué se permite o no hacer, sobre todo, abrirse a la información.
“Tristemente he visto muchos mensajes donde la gente demerita el trabajo científico y solamente se apoya en lo que cree o vieron, pero no es lo mismo la percepción de lo que realmente es. Invitar a la gente a que se informe de manera correcta en medios de comunicación confiables”.
Señaló que la mayoría de las personas conocen el hábitat del cocodrilo y, aún así, realizan sus actividades sin medidas de prevención suficiente.
“Nosotros no queremos minimizar la situación humana: no queremos que la gente crea que preferimos a los animales que a los humanos, pero es importante evidenciar que nosotros tenemos la responsabilidad de nuestro propio cuidado y la responsabilidad del cuidado de nuestros menores de edad”, planteó Leslie Solís.
